cobarde
querría escribir el post más triste del mundo. desnudarme ante esta palestra y deshacer el nudo que me oprime desde el lunes: cuando el lunes me avergonzaba, el martes sentía alivio, el miércoles remordimientos y el jueves tuve que tomar una decisión que me rompía el alma. Pero pensando en como enfocar el escrito, y perdiéndome en lo que realmente me ha atormentado toda la semana, otro tema pidió pasó.
Así, saltando de sentimimento en sentimiento y sopesando los cimientos de los valores que me configuran, he sido capaz de analizar lo más duro de la semana. Me di cuenta que hubo una persona que me hizo mucho mal, no sé si me cambió, si me influyó o si aletargué mi verdadero yo por no parecerme a él: todo aquello que critiqué fervientemente de su personaildad, ahora se veía impregnada en la mía, con tal nitidez que las palabras vertidas en el pasado cayeron una a una golpeándome con fuerza.
A ese niño que dispone que su vida tiene que ir por una senda y es incapaz de darse cuenta que al crecer las aspiraciones cambian. Aspiraciones que me odio por admirar. O aparecen fenómenos que pueden hacer tu vida diferente, y modificar tus planes totalmente detallados, y no por ello haber perdido. No se es un niño perdedor por no hacer en la vida todo lo que te habías propuesto a los quince.
A ese niño que avanza y que a veces piensa que sus proyectos ya obsoletos tiene que llevarlos a cabo, cueste lo que cueste o habrá fracasado.
Sin embargo, aunque reconozco haber escrito estas palabras hace dos años, me doy cuenta que en realidad, éramos iguales el niño-perdedor y yo. Que mis anhelos son críticas que yo no estoy dispuesta a ejemplificar y que en el fondo, y como también dije:
Anhelo a ese niño que sin llegar a tener las preocupaciones de los hombres, es capaz de vivir a su manera sin parecerle que el tiempo se le escapa.
me encanta la gente así y por ende, yo no podía ser de otra manera, cobarde.

Meneame
del.icio.us
